Pedro Gil – Autor destacado del mes

Pedro Gil (1971-2022) fue un poeta y narrador ecuatoriano, nacido en Manta. Participó en los talleres literarios de Miguel Donoso Pareja y trabajó en diversos oficios, incluyendo sepulturero, reportero y terapeuta. Fue coordinador del taller literario de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. Publicó varios libros de poesía, como Paren la guerra que yo no juego (1988), Delirium trémens (1993), y Bukowski, te están jodiendo (2015), además de la antología Sano juicio (2004) y el libro de cuentos El príncipe de los canallas (2014). Falleció el 21 de enero de 2022 a los 50 años.
Poemas destacados
Fama y pobreza
Es raro despertar bien sentir y sentirse bien
oír el encantamiento de los jilgueros
recibir la bondad de la naturaleza
en la contemplación de la montaña.
Debe ser normal este estado para el hombre común
pero cuando tú mismo eliges entregar tu vida
a la militancia sin responsabilidades
no hay lugar a los remordimientos.
Nunca quise redactar sonetos a la luna (chévere Parra)
ni pedí que regresen las putas golondrinas a mi balcón a cagar
me fui a los extremos y pago el precio como macho.
Por eso los achaques en mi cuerpo
no del espíritu ni de la mente.
En el banco tengo 50 miserables centavos
mis pertenencias: un par de zapatos, un dvd, unas decenas de películas
dos jeans algunas camisas y camisetas
regalos de Secaira y Cisneros,
y pare de contar.
Estoy contento y eso no es raro.
El reconocimiento literario
el mito de mi apellido
hacer lo que me da la gana, como por ejemplo,
no tener jefe de trabajo,
que me paguen por leer,
beber solo, beber seguido
40 lunas 40 soles
Puedo decir sin temor soy un buen tipo
soy Pedrito Gil.
Puedo decir sin temor que me encontré.
Estoy hecho.
Rescate
que me sentencie
el santo, el puro.
el mar, la noche,
hasta mis más queridas
las estrellas
enmudecieron.
yo conocía
sus pecadillos.
por eso
cuando me lancé
al Estero Salado
los ahogados me salvaron.
no era posible
tanto sentimiento de culpa.
El amor se aprende
desde
que despertamos
juntos
aprendí
que no
todas
las soledades
son
perpetuas